Muchas veces, los problemas de limpieza en zonas comunes se deben a una mala planificación o a la falta de conocimiento sobre lo que realmente se necesita. En este artículo le damos consejos claros y fáciles de aplicar para optimizar el servicio de limpieza en su edificio, sin que la cuota mensual se dispare.
1. Analice bien qué zonas requieren limpieza diaria y cuáles no
No todo necesita limpieza constante. Las zonas de más tránsito como portales o ascensores sí deben limpiarse a diario, pero hay otras —como garajes o azoteas— que pueden seguir un calendario más espaciado. Un buen plan de limpieza optimiza recursos sin perder eficacia.
2. Establezca un horario fijo y visible para todo el vecindario
Muchas incidencias ocurren porque nadie sabe cuándo se limpia o quién lo hace. Colocar un pequeño panel con el horario de limpieza mejora la comunicación entre vecinos y el personal encargado. Además, ayuda a respetar mejor los espacios comunes.
3. Exija un servicio con supervisión y materiales adecuados
No basta con contratar “a alguien que limpie”. Asegúrese de que la empresa ofrece supervisión, utiliza productos adecuados según la superficie (evitando daños a largo plazo) y cumple con las normativas de higiene y seguridad. Esto marca la diferencia entre una limpieza superficial y una profesional.
4. Evalúe el servicio cada 3 o 6 meses ]
La limpieza no debe quedarse en piloto automático. Conviene revisar si el servicio sigue cumpliendo con lo pactado, si hay nuevas necesidades (más vecinos, nuevas zonas comunes…) o si puede ajustarse el precio sin perder calidad. La revisión periódica evita gastos innecesarios. Conclusión: limpieza eficaz sin elevar costes Una comunidad limpia no solo mejora la convivencia, también aumenta el valor del edificio y previene problemas de salud. Con un buen plan, comunicación clara y profesionales cualificados, lograrlo es mucho más fácil de lo que parece.
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